Era la última semana del mes de agosto cuando me enteré que sería la última en la empresa para que trabaja, después de más de 11 años de relación llegaba el momento de cerrar el ciclo, tantas emociones y pensamientos que me sobrepasaban. Uno de los cafés más amargos que me he tomado…
Fue en mi primer trabajo donde aprendí la Lección: Sé Amable Siempre. Recién graduado me contrató una empresa regiomontana, de las más relevantes del país, y de la zona sureste, entré al área de compras, donde tuve grandes aprendizajes profesionales, pero sin duda lo que más me marcó fue personal. «El Inge Memo», Líder del área de Abastecimientos, siempre tenía una sonrisa en su cara, aún en los momentos más estressantes nos mostraba su lado amable, tanto a sus liderados como a sus usuarios, proveedores y todos con los que interactuaba. Mientras habían personas que no contestaban correos, o no recibian personas, él siempre tenía su puerta abierta y su línea telefónica disponible para atender y servir.
El Inge, y su forma de ser, me marcó positivamente hasta el día de hoy, esa filosofía de ser amable con todos fue algo que quise hacer mío, se conjugaba muy bien con los valores que me habían enseñado en casa y con mi propia forma de ser,desde entonces he buscado dar buena cara para todos, incluso en los momentos más complicados y retadores.
Pasaron los años y en uno de los momentos de más vulnerabilidad que he tenido, el de decirle adiós a mis compañeros y proveedores, tuve una muestra de lo lindo que es cosechar lo sembrado. Fue un miércoles cuando di «enviar» al correo de «Hasta Pronto», en esos momentos no quería saber de nadie, y mucho menos recibir llamadas, pero por lo dicho anteriormente siempre busco contestar, incluso cuando es difícil hacerlo. Era un buen amigo y colega, Xavier, quién además de saludarme, preguntarme cómo estaba y todo lo protocolariamente correcto en la situación en la que estaba, me invitaba a participar de un proceso de selección para una empresa relevante del país.
Caray! Fue difícil de procesar, como si me invitaran a una cita justo la semana en que terminaba una relación de once años. Claro, en ese momento todo lo veía a través del cristal de recien desempleado. Unos días después, pude procesar mejor la situación y sentirme muy agradecido con Xavier, el que haya pensado en mí, no haber dudado para recomendarme y hacerme sentir apoyado es algo que nunca olvidaré. Entre todo lo que pensé me vino a la mente la lección, seguro no hubiera sido así si yo hubiera sido grosero, prepotente o cualquier otro calificativo que pueda sonarte mientras lees esto. El haber mantenido tanto la puerta abierta, la línea telefónica disponible, pudo haber sido, entre otras cosas, la razón por la que recibí esa llamada e invitación para el proceso en cuestión.
Entonces, con esta historia, quiero invitarte a reflexionar sobre tus relaciones laborales, personales, que puedas identificar si eres más del tipo que evade las llamadas o que las recibe y/o regresa, si eres de las personas que están abiertas a las conversaciones tanto buenas como amargas, o de las que prefiere evitarlas a como dé lugar. Hoy estamos donde estamos, pero mañana quien sabe, por eso te invito a aprender la lección de ser siempre amable, porque la vida da muchas vueltas y uno nunca sabe de qué lado va a estar más adelante.
«Arrieros somos, y en el camino andamos»
Fue lo que le dije a mi equipo el día en que me despedí, y fue justo lo que me mencionó Xavier en la llamada que me hizo. Arrieros somos…
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