Historias de Oficina y Café

Relatos reales del trabajo cotidiano y lo que realmente nos enseña.

Hola, soy Miguel!
He trabajado con clientes, colaboradores y proveedores de todo tipo, y a lo largo del camino, descubrí que los mejores aprendizajes no vienen de cursos ni libros, sino de la gente con la que trabajamos todos los días.

Crecí en una familia en la que el pilar del hogar era empleado, conocí el valor del trabajo duro, cuando era chico mi papá salía muy temprano de casa y regresaba ya entrada la noche, si le hablaban en la madrugada se trasladaba a las plantas, en general me enseñó lo que era el trabajo duro día a día, por otro lado, la situación me enseñaba (entre líneas) las mieles de ser empleado, de trabajar para alguien y ganar un sueldo fijo de por vida, como en el caso de mi señor padre (te amo papá).

Ahora que estoy en una transición profesional, he dedicado mucho tiempo para pensar qué es lo que realmente quiero para el resto de mi vida, mis inicios me recuerdan mucho a mi papá, me iba de casa cuando Regi (mi primera hija) estaba dormida, regresaba cuando estaba dormida, eso me permitió crecer dentro de la empresa, pero perderme momentos preciosos como pago de ello, experiencias que sí pude vivir con mi segunda hija, aunque parezca loco, gracias a la pandemia.

 Todo este pensar y pensar me ha traído a mente, varias veces, la historia del Auto Antiguo que me regaló Don Mariano, cabeza de una empresa con la que tuve el gusto de trabajar por más de 11 años. En una comida con Don Mariano salió a relucir el tema de los carros, nuevos, viejos, grandes, chicos, de todos los que se puede hablar, en algún momento nos comentó que tiene un amigo al que le encantan los carros viejitos, que los compra para remodelar y después vender, tiene la experiencia placentera de haberle “dado vida” de nuevo a los autos, al mismo tiempo que hacía dinero haciendo lo que le gustaba. Hasta el día de hoy, ese comentario es uno de los regalos más atesorados de esas comidas de trabajo.

¡Caray! ¿Cuántas veces pensamos que estamos trabajando para vivir y terminamos viviendo para el trabajo?  Con mis amigos y colegas, hace años, he platicado el hacer que los hobbies nos generaran dinero, sino para dejar lo que haces para vivir del hobby, si para que eso te vaya ayudando a pagar algunas cuentas, y, ¡sí!, ¿por qué no? en el futuro pagar todas tus cuentas…

¿Te gusta cocinar? Puedes vender barbacoa o algo más en los fines de semana, he conocido varios restaurantes que empezaron en una cochera con mesas de plástico armables y hoy son grandes negocios. ¿Te gusta la decoración? Puedes armar grupos para armar floreros, pintar cerámica o experiencias que disfrutes y puedas cobrar. ¿Te gusta la fotografía? Por qué no empezar a hacer eso que has querido hace tiempo para monetizar con lo que disfrutas haciendo (sí, mensaje para ti Chucho).

Creo que todos tenemos “un auto antiguo”, un talento o un hobby, que siendo pulido puede ser vendido, no hace falta ser un ingeniero de autos, sino atreverte. Toma papel y lápiz, y haz este simple ejercicio: Identifica las tres cosas que haces en tu tiempo libre y por las que la gente te ha elogiado o pedido ayuda. He ahí tu “auto antiguo” esperando a ser “remodelado y vendido”.

PD Nadie nunca me elogió por como hablaba, pero heme aquí, escribiendo Historias de Oficina y Café, disfrutando compartir mis experiencias como parte de este viaje.

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2 respuestas a “La lección del Auto Antiguo: ¿Puede tu Hobby pagar tus cuentas?”

  1. Avatar de Alan Avalos
    Alan Avalos

    Excelente historia Mike, y sumando al consejo, siempre será mejor empezar a explorar estos “autos antiguos” mientras tenemos trabajo.

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    1. Avatar de Miguel Ríos

      Diste en el clavo! Mejor hacerlo de forma paralela con un ingreso estable, que con la premura de ganar dinero. Ahora, seguro no es limitativo, la necesidad también es un catalizador poderoso!

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