Historias de Oficina y Café

Relatos reales del trabajo cotidiano y lo que realmente nos enseña.

Hola, soy Miguel!
He trabajado con clientes, colaboradores y proveedores de todo tipo, y a lo largo del camino, descubrí que los mejores aprendizajes no vienen de cursos ni libros, sino de la gente con la que trabajamos todos los días.

Hace seis meses, cerré un capítulo tras 11 años en la misma empresa. Salí con una trayectoria sólida, pero también con 107 kilos de peso y la sensación de que la «vorágine» corporativa me dejaba sin tiempo para lo más importante: mi salud.

La semana pasada, cumplí un sueño que en mi versión de oficina era, literalmente, imposible: Crucé la meta del NYC Half. No soy el corredor más ligero, ni el más rápido (sigo en el proceso de mejora), pero mientras cruzaba Brooklyn y entraba a la Gran Manzana, me preguntaba: ¿Cómo llegué aquí? ¿Qué es lo que realmente estoy construyendo?

En ese momento recordé algo que escuché hace unas semanas en una graduación del IPADE:

«Un artista no nace con su obra maestra; la construye robusteciendo su repertorio«.

Un profesor explicaba que cada vivencia, cada éxito, cada fracaso y cada reto escolar son los pigmentos que el artista (profesionista) guarda en su paleta. Entendí que durante la última década no solo estuve «trabajando»; estuve llenando mi repertorio para lo que viene.

Hoy mis conclusiones son claras:

  1. La disciplina es transferible: Si puedes dominar tu cuerpo para correr 21 kilómetros cuando antes no podías con dos cuadras, tienes la estructura para dominar cualquier modelo de negocio.
  2. El «arte» toma tiempo: Vivimos en la cultura de la inmediatez, pero la excelencia no se improvisa. Robustecer el repertorio significa entender que para dar el siguiente gran salto profesional, primero hay que dominar la técnica. El tiempo es el recurso que transforma una buena idea en una ejecución impecable.

Seis meses después, mi cuerpo es distinto, mi mente es más clara y estoy mejor preparado para lo que viene.

A veces decimos que no hay tiempo para hacer ejercicio, para una maestría o para cultivar nuestra espiritualidad. Yo no logré ese equilibrio mientras estaba sumergido en el corporativo… ¡espero que tú que estás leyendo esto sí lo logres!

Recuerda que somos un «work in progress». Cuida tu mente, cuida tu cuerpo y no dejes que la obra se quede a medias por descuidar al artista…

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