Historias de Oficina y Café

Relatos reales del trabajo cotidiano y lo que realmente nos enseña.

Hola, soy Miguel!
He trabajado con clientes, colaboradores y proveedores de todo tipo, y a lo largo del camino, descubrí que los mejores aprendizajes no vienen de cursos ni libros, sino de la gente con la que trabajamos todos los días.

Cuando dejas atrás la seguridad de un sueldo fijo, hay una pregunta que te persigue a todos lados: ¿Cómo van las ventas?

Nos han inyectado hasta la médula la idea de que si un proyecto no está generando flujo de caja desde el mes uno, no es una empresa, es un pasatiempo. Y siendo brutalmente honesto, durante estos meses de arranque, mi propia voz interior me bombardeaba pidiendo el tradicional modelo financiero: quería ver el Excel en verde, quería emitir facturas, quería la validación de la transacción inmediata.

Esa es la inercia corporativa hablando. Pero con Corazón Logístico decidimos ir en contra del manual.

Como he contado antes, este proyecto nació hace años como una válvula de escape para la vida operativa. Era una comunidad genuina para reírnos de nuestra propia tragedia logística. Cuando decidimos meterle la estructura y el rigor directivo del IPADE, la tentación de salir a monetizar esa audiencia al día siguiente era enorme.

Pero decidimos aguantar la respiración. En lugar de tocar puertas pidiendo dinero, empezamos a construir puentes buscando confianza.

Decidimos que antes de cobrar un solo peso, teníamos que volvernos indispensables.

Hoy, ese aguante de no ceder a la prisa comercial nos tiene jugando en una liga completamente distinta. Hemos colaborado con AMELTAF en Perú y cerramos alianzas institucionales de peso con el Council of Supply Chain Management Professionals (CSCMP) en México.

Pero el golpe sobre la mesa llegó hace un par de semanas: la Secretaría de Economía nos notificó oficialmente que Corazón Logístico será embajador de la tercera edición de Ruta Logística MX.

Cero facturas emitidas por publicidad hasta este momento. Cien por ciento de credibilidad y peso específico en la industria.

La lección que me llevo de esta etapa es que la paciencia no es sentarse a esperar; es incubar el valor de tu marca. Si cedes a la urgencia de cobrar rápido, consigues clientes de una sola vez. Si aguantas la presión y construyes comunidad, atraes aliados institucionales.

El motor ya está andando, el chasis está firme y tenemos el respaldo del sector. Ahora sí, vamos a meterle el pie al acelerador comercial.

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